En algún sitio leí una vez que a veces no es suficiente con quererse, sino que pesa más la capacidad de no hacerse daño. Supongo que hay muchísima verdad en esa frase, y supongo que gran parte de esto de hacerse mayor es aceptar que hay que dejar cosas atrás para ir cogiendo otras nuevas; cerrando puertas, para que se vayan abriendo otras.
Quizás en el futuro me arrepienta de mis decisiones, y quizás el futuro sea algo mucho más cercano de lo que quiero pensar. Quizás te acabe olvidando, o superándolo, o quizás nos perdamos la una a la otra y sólo queden los restos, alguna hoja del otoño, algunas notas de piano y muchas canciones desesperadas. Quizás nada sería tan horrible, y quizás la vida pintaría más bonita, y quizás podría verte sonreír con los labios limpios, y no con la boca llena de maldiciones y de envidias.
Sin embargo, el más pequeño atisbo de esperanza es suficiente, el rayito de luz más desteñido, la sonrisa más torcida. Sólo la minúscula posibilidad, el ridículo porcentaje, lo que nadie espera. Sólo eso es suficiente para que merezca la pena lanzarse al vacío, caminar entre trampas, soportar la lluvia. Y sólo así puede ser, sólo de esta manera puede arreglarse, o lo que quiera que tenga que pasar... Yo no me creo una heroína luchando contra los elementos, pero tampoco quiero ser una ramita que se deja llevar por la corriente del río.
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